Me han diagnosticado TDAH, ¿y ahora qué?

“Edúcate a tí mismo. Quizá el tratamiento más poderoso para el TDAH sea entender el TDAH en primer lugar. Lee libros. Habla con profesionales. Habla con otros adultos que tengan TDAH. Así serás capaz de diseñar un tratamiento específico que encaje con tu propia versión del TDAH”.

Dr. Edward Hallowell

Antes de empezar, quiero aclarar que con diseñar tu propio tratamiento no me refiero a la automedicación, la cual te puede traer más problemas que beneficios. Para establecer un plan de medicación, acude siempre a un profesional.


Cuando empiezas a leer sobre el TDAH es como si te quitaran una venda de los ojos. Es increíble la desinformación que hay sobre este trastorno. ¡De repente empiezas a entender tantas cosas! Y también a sentirte menos solo, al ver que hay tanta gente en tu misma situación.


Por eso, lo primero que debemos hacer para intentar sobrellevar este trastorno de la mejor manera posible es buscar toda la información que podamos. Leer libros, artículos, informes, testimonios, entrevistas. Hablar con profesionales y también con otros adultos que se encuentran en la misma situación.


El TDAH tiene muchísimos síntomas. No todas las personas manifiestan los mismos, ni todos los síntomas se manifiestan de la misma manera en todas las personas. Por ello, cada TDAH es único y cada tratamiento debe ser específico y personalizado.


Aquí os dejo algunos recursos para que podáis buscar información:

Por último, si tenéis cualquier duda o necesitáis más información/orientación, podéis contactar conmigo tanto en los comentarios como por mensaje privado.


Si conoces algún recurso que no he mencionado y que te ha ayudado, cuéntamelo en los comentarios.


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El diagnóstico en niños

La importancia de un diagnóstico precoz

El diagnóstico precoz es de vital importancia para conseguir el máximo desarrollo de las capacidades, así como para mantener la autoestima lo más intacta posible.

Mientras antes se detecte el TDAH y se le ponga remedio, más oportunidades tendremos para dirigirlo en la dirección correcta.

Muchas veces este momento se retrasa por no querer etiquetar al niño, por tener la esperanza de que el problema se resuelva con el tiempo o por la mala fama que tiene la medicación.

A menudo pienso en los años perdidos sin saber cual era mi problema, en las veces que me he sentido frustrada e inferior a los demás por no ser capaz de llegar al mismo nivel que ellos, por no poder hacer las cosas igual de bien y con la misma facilidad. Que diferente habría sido todo de haber sabido el motivo…

Ahora, mi hijo tiene siete años y hace tiempo que me veo reflejada en él. Hace un año, cuando empezó a tener problemas para acabar las tareas que sus compañeros acababan sin problemas, le conté a su profesora mis sospechas. Ella no se lo había planteado, pero cuando le hablé del TDAH, todo le encajó.

Este año le ha estado visitando la psicopedagoga del colegio. Después de unos meses de observación y de los test rellenados por mí, por los profesores y por él mismo, ha llegado a la misma conclusión que yo.

Ahora lo están valorando una psiquiatra y un psicólogo, y el colegio y yo tenemos que rellenar más tests. Es un proceso largo, pero creo que valdrá la pena.

Para mí, es muy importante detectar el TDAH lo más pronto posible porque considero que así será más fácil que tenga igualdad de oportunidades en la vida. Le proporcionarán pautas y estrategias para coger hábitos que compensen sus carencias, y que para mí son muy complicados de asumir a estas alturas por más que lo intente. Su autoestima no quedará mellada por todas las críticas y los comentarios negativos.

No tengo prisa porque empiece a tomar la medicación, pero sí por empezar la terapia. Con todo esto espero que pueda tener una infancia más feliz que la mía, y que crezca con el conocimiento y las estrategias que yo no tuve.

En la próxima entrada hablaremos sobre la importancia de entender el TDAH.

El diagnóstico

El primer paso para mejorar tu vida empieza con un diagnóstico adecuado.

“Asegúrate de que recibes el diagnóstico correcto. Verifica que estás trabajando con un profesional que realmente entiende sobre TDAH y que ha excluido condiciones similares o relacionadas tales como los estados de ansiedad, la depresión, el hipertiroidismo, la enfermedad maníaco-depresiva, o el trastorno obsesivo-compulsivo”. (Dr. Edward Hallowell)

Cuando era pequeña el médico le decía a mi madre que yo era hiperactiva. Desde que empecé a ir al colegio, a los 3 años de edad, los profesores le decían que tenía pinchos en el culo, porqué era imposible mantenerme sentada en una silla. Mi vecina me sacaba a comer al parque y me iba persiguiendo con el plato por los columpios. Tuve profesores que me dejaban siempre en el pasillo porque les molestaba, pero otros conseguían mantenerme interesada en lo que estaban haciendo.

Como siempre saqué buenas notas y no molesté en exceso, nunca se plantearon que pudiera tener TDAH. El problema empezó, como en muchos otros casos de TDAH sin diagnosticar, en la adolescencia. Mis notas empezaron a caer en picado, no era capaz de concentrarme, de prestar atención, ni de entender lo que tenía que hacer. Olvidaba los libros en casa o en clase, no hacía los deberes o los hacía y los olvidaba o los perdía. En casa también me afectaba, olvidaba fregar los platos, no guardaba nada en su sitio. Mi habitación era un caos. Mi impulsividad también empeoró.

Tenía problemas de autoestima, ya que a menudo no sabía comportarme de forma adecuada, no pillaba las normas sociales y hacía cosas que los demás calificaban como “raras”. La impulsividad me hacía decir todo que me pasaba por la cabeza sin pararme a pensar. Muchas veces ni siquiera era consciente de qué era lo que estaba haciendo mal. Apenas tenía amigos y en el instituto me hacían bulling, llegando a pegarme más de una vez. Creo que los profesores miraban para otro lado, porque es imposible que no se dieran cuenta de que a la hora del patio me escondía, o de las veces que volvía a clase llorando con cosas pegadas en el pelo.

En ningún momento a ningún adulto se le ocurrió que pudiera tener algún problema, solo era “rara”, “antisocial”, “vaga”, “irresponsable”, “rebelde”, “pasota”…

A los 22 años, pensando que podía tener dislexia, fui al neurólogo, que me dijo que no, que lo que tenía era TDAH (sigo pensando que también tengo dislexia). Para el diagnóstico me hizo algunos tests, pruebas de inteligencia y muchas preguntas. No quise ni oír hablar de la medicación, por la mala fama que tenía, y no le di más importancia. En ese momento estaba como una cabra y era feliz con mi inestabilidad y mis locuras.

Fue a los 26, después de tener un hijo, cuando realmente me di cuenta de que necesitaba ayuda para ser capaz de llevar una vida estable. Entonces empecé a informarme sobre el TDAH y la medicación y decidí probarla. ¡Ojalá lo hubiera hecho antes!

Antes estaba continuamente cambiado de trabajo, de pareja, de estudios, de casa… Desde que empecé el tratamiento he conseguido estabilizarme mucho, cambio menos a menudo de trabajo, de pareja, de casa ¡y sigo estudiando lo mismo! Empecé una carrera hace 4 años y sigo igual de ilusionada que el primer día (voy despacio ya que trabajo a jornada completa y soy madre soltera).

Hoy hemos hablado sobre el diagnóstico en la edad adulta, en la próxima entrada hablaremos sobre el diagnóstico en niños y sus beneficios en comparación.

¿Y, a vosotros, cuándo os diagnosticaron? ¿Cómo os sentisteis?

 

TDAH

Este blog nace de la dificultad en encontrar información en español sobre el TDAH en adultos y, sobre todo, estrategias para aprender a manejarlo y hacerlo más llevadero.

Este blog nace de la dificultad para encontrar información en español sobre el TDAH en adultos y, sobre todo, estrategias para aprender a manejarlo y hacerlo más llevadero.

Por ejemplo, al buscar “adaptaciones en el trabajo para empleados con TDAH”, solo encuentro resultados de búsqueda sobre adaptaciones en el colegio para niños con TDAH. Muchas vences tengo que buscar en inglés para poder encontrar algo de información.

Parece que el TDAH es cosa de niños y que se esfuma por completo al crecer, y no es así. El 80 % de niños que lo padecen continuarán sufriéndolo en la adolescencia, y entre un 30-65%  de esos niños lo arrastrarán hasta la edad adulta.

Además, ha muchos de nosotros nos diagnosticaron siendo ya adultos, lo cual empeora las cosas. El diagnóstico tardío y la falta de tratamiento complica más los síntomas.

Es por eso que he decidido aprovechar el tiempo que paso recopilando información sobre el tema compartiéndola aquí, por si alguien más la necesita.

Quiero dejar claro que no soy profesional. No soy psiquiatra, ni psicóloga, ni neuróloga, ni ningún otro tipo de especialista en salud mental. Simplemente soy una de las muchas personas que lo padecen y que ha decidido compartir su experiencia personal.

Para empezar, cada semana compartiré uno de los “50 consejos para manejar el TDAH en la vida adulta” de los doctores Edward M. Hallowell y John J. Ratey. También proporcionaré información relacionada y enlaces interesantes, siempre que sea posible. Llevaré a la práctica cada uno de los consejos y explicaré las técnicas que me han funcionado y las dificultades que he encontrado.

FEAADA -datos y cifras

Dr. Hallowell – Adult ADHD 50 tips of management